Por: Hanns Zegarra, especialista en influencer marketing.
La industria del marketing de influencers en Perú es un motor económico en plena expansión. Con una inversión que, según proyecciones de Statista, alcanzará cerca de 60 millones de dólares para el cierre de 2025, y un ecosistema de miles de creadores de contenido que han hecho de esta su profesión, nos encontramos en un punto de inflexión. Es en este vibrante contexto que he seguido con preocupación un reciente proyecto de ley que, con la buena intención de combatir la desinformación, propuso un camino que considero inviable y perjudicial para nuestro sector: exigir un título profesional para hablar de ciertos temas. Aunque el proyecto no está en camino a convertirse en ley, es importante analizar cuál es la mejor ruta para regular esta industria. Estoy seguro de que no será la primera ni la última norma que afecte el ecosistema creativo nacional.
Desde mi experiencia, el error fundamental de esta propuesta es importar un modelo de regulación inspirado en China sin comprender las abismales diferencias entre ambas realidades. China ejerce un control estatal sobre sus propias plataformas digitales, lo que le permite una fiscalización centralizada. Pretender replicar eso en Perú, donde operan plataformas globales y la capacidad estatal es distinta, es una fantasía logística. Nos enfrentaríamos a un proceso de verificación manual insostenible o a negociaciones complejas con gigantes tecnológicos que no tienen por qué adaptarse a una ley local de este tipo.
El proyecto, además, nos sumerge en un mar de incertidumbre. Para empezar con los sujetos objeto de esta norma. Si bien brinda definiciones de qué es un influencer, creador de contenido y streamer, estos conceptos son bastante generales. Además, en cuanto a la información, ¿Bajo qué criterio se definirá qué es «difundir contenido que afecte la salud, vida y patrimonio»? ¿Una reseña de un libro de finanzas personales requerirá un título de economista? ¿Un testimonio sobre bienestar emocional necesitará la firma de un psicólogo? Esta ambigüedad no solo frena la creatividad, sino que amenaza a periodistas, divulgadores y educadores que han encontrado en las redes un canal invaluable para conectar con sus audiencias. Desde mi experiencia asesorando a creadores en estos rubros, puedo afirmar que la audiencia valora la autenticidad y la responsabilidad antes que un título universitario.
En lugar de construir barreras de entrada, considero que la propuesta debería enfocarse en la profesionalización y la transparencia. No necesitamos copiar modelos foráneos, sino adaptar soluciones inteligentes que ya funcionan en otros países y que respetan la naturaleza de nuestro ecosistema. En esa línea, podemos apelar a tres pilares realistas y escalonados:
- Fortalecer la transparencia publicitaria: antes que el contenido, debemos asegurar la transparencia en la publicidad. La guía de Indecopi es un excelente punto de partida. Fortalezcamos su fiscalización para que cada colaboración pagada sea claramente identificada por el público.
- Fomentar un registro voluntario: inspirado en mercados como el de los Emiratos Árabes Unidos, podemos crear un registro que ofrezca beneficios tangibles (formación, certificaciones, guías de buenas prácticas) a quienes se inscriban. Esto incentiva la profesionalización sin imponer, premiando al creador comprometido.
- Implementar el uso de ‘disclaimers’: como en Singapur, es fundamental exigir descargos de responsabilidad visibles en temas sensibles. Frases como «este contenido es mi opinión y no reemplaza una consulta médica» deben ser la norma. Esto empodera al usuario y deslinda responsabilidades sin necesidad de un título universitario.
Desde una mirada reputacional, regular sin comprender el ecosistema digital puede transmitir desconfianza y frenar la innovación. La lucha contra la desinformación es una responsabilidad de todos, pero la solución no puede ser una regulación que mate la industria. No se puede regular de manera efectiva lo que no se entiende completamente. Construyamos un modelo a la medida de Perú, que fomente las buenas prácticas y la transparencia. Porque regular no es prohibir; el verdadero reto está en regular bien.

Especialista en estrategias de Influencer Marketing y Asesor Digital. Cuenta con más de 14 años de experiencia en el área de Marketing Digital y 12 años gestionando campañas con influencers. Actualmente, se desempeña como emprendedor, expandiendo sus conocimientos y ayudando a diversas empresas a potenciar sus marcas.



