No se trata solo de cambiar de dueños. Se trata de si sobrevivirá su identidad.
El proceso de venta del Grupo el Comercio – Perú ya empezó, y entre los postores destacan Zest Capital —un gestor financiero— y la familia Wong, dueña de Willax Televisión. Ambas propuestas implican una transformación profunda. Pero una de ellas, más que la otra, podría significar el quiebre definitivo del diario más antiguo del país, desde su propio ADN.
Y eso plantea un dilema mayor: ¿seguirá existiendo #ElComercio como lo conocemos?
No se hereda una reputación, se redefine… o se rompe.
El Comercio ya no es el referente de décadas pasadas. Su reputación fue golpeada por decisiones editoriales que generaron desconfianza, y ello lo alejó del equilibrio que se esperaba.
Pero aun así, conserva algo clave:
#relevancia. Sigue siendo un actor visible, con historia e influencia. Y lo que está en juego hoy es su legitimidad futura.
Porque una cosa es continuar una trayectoria, y otra muy distinta es quedarse con el nombre para imponer otra narrativa totalmente distinta.
Riesgos reputacionales que no se están poniendo sobre la mesa
- Ruptura de identidad
Una compra total, como la que se proyecta, da todos los poderes: nombre, estructura, línea editorial. Y con ello, la posibilidad de convertir El Comercio en algo que solo se le parece por el logo.
- Fuga de credibilidad
Los periodistas y editores que representan un punto de equilibrio podrían irse. Y con ellos, el capital simbólico que aún sostiene al medio como interlocutor válido ante el país.
- Reconfiguración del ecosistema informativo
Si el Grupo Wong adquiere El Comercio (y eventualmente América TV, Canal N), no será un medio más: será el mayor poder mediático del Perú, con una línea ideológica definida y difícil de contrapesar.
- Pérdida de institucionalidad ante la sociedad
Un medio puede ser poderoso e influyente, pero no por eso legítimo. La reputación se construye con pluralidad, independencia y vocación pública. Y ese es el activo que podría quedar en el camino.
¿Y si lo compra Zest?
Zest representa otro tipo de riesgo. No ideológico, sino funcional. Como fondo financiero, su fortaleza está en la gestión de activos, no en la comunicación ni el periodismo. Si entra sin una visión editorial clara, corre el riesgo de convertir al medio en un contenedor sin alma: con tecnología, pero sin propósito periodístico. La lógica reputacional también se debilita si el medio se vuelve un producto financiero más.
El verdadero dilema
Hoy no se trata solo de salvar a El Comercio. Se trata de decidir qué tipo de actor necesitamos en el ecosistema mediático del Perú.
Porque lo que está en venta no es solo una marca. Es un rol. Es un punto de equilibrio. Y si quien lo compra no lo entiende —o no le interesa—, el diario podrá seguir llamándose El Comercio, pero será otra cosa.
Otra cosa más poderosa, quizás. Pero también más cuestionada.
Su primer rumbo fue el de la ingeniería y, aunque cambió de dirección hacia su verdadera pasión, la publicidad, el aprendizaje en las aulas de Estudios Generales Ciencias de la PUCP fue clave para su trabajo en estrategias.
En 1997 se gradúa como publicista en el IPP, y luego decide terminar también su carrera universitaria como comunicador en la PUCP (2001). Trabajó en tan diversas áreas de la comunicación que la mejor manera de integrarlas fue a través de un máster en Dirección de Comunicación en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (2007), donde desarrolló aún más sus habilidades de interacción con diferentes públicos.
Tras su experiencia como Director Online en Llorente & Cuenca, y Jefe del Canal Virtual de Claro Perú -puestos a los que llegó por el trabajo en su blog, CAFÉ TAIPÁ- decidió lanzar su propia consultoría desde abril del 2012, con el mismo nombre.


