La minería peruana es motor del país, pero su mayor desafío no está en la producción: está en la comunicación

En el panel “Líderes empresariales: visión de país y de la minería”, dentro del marco de PERUMIN Convención Minera, cuatro CEOs coincidieron en que la reputación del sector no se construye solo con cifras de PBI, tributos o exportaciones. El reto es cómo se comunica, a quién se llega y con qué propósito.

 

  • Diego Cavero (BCP) recordó que la burocracia y el populismo erosionan la institucionalidad, pero puso en valor un ejemplo concreto: Yape, que ha demostrado que millones de peruanos en la informalidad sí quieren trazabilidad si se les ofrece un sistema simple y útil. Esa misma lógica debe guiar la comunicación minera: acercarse a la gente con soluciones reales, no con trámites.
  •  Rosa María Flores-Araoz (Kallpa Generación) fue frontal: la comunicación no puede reducirse a spots o campañas. Implica entrar a colegios, universidades, ONGs y partidos políticos para explicar a la juventud que la minería es una necesidad en la era tecnológica. Y advirtió: los antimineros no se van a convencer, pero lo que no se puede permitir es que crezcan porque el sector calla.
  • Humberto Nadal (Cementos Pacasmayo) enfatizó que el orgullo productivo solo se construye cuando el impacto se siente en la vida diaria. Mostró cómo un piso de concreto no es solo infraestructura: es salud pública, porque reduce enfermedades respiratorias y anemia infantil. Su mensaje es claro: la comunicación minera debe ir más allá de los millones invertidos y enfocarse en cómo cambia la vida de las personas.
  • Juan Stoessel (Casa Andina) aportó una mirada distinta: las cifras mineras son contundentes, pero no conectan emocionalmente con el comunero ni con el ciudadano de a pie. Si no se cruza ese puente, la narrativa seguirá desconectada del verdadero aporte del sector.

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CONCLUSIÓN: la minería peruana formal tiene grandes méritos, pero comunica tarde o comunica mal. La reputación no se gana en balances ni estadísticas, sino en la capacidad de traducir logros en orgullo compartido.

La reputación de los líderes y de sus sectores reposa en esa voz que conecta, que convoca y que construye confianza. Porque callar cuando se debe explicar, o restringirse solo al ámbito corporativo, es dejar el espacio libre para que otros definan el relato.

Quiero destacar la frontalidad de Rosa María y Juancho. Ambos remarcaron textualmente la ineficiencia y la indiferencia de un Estado que no cumple su rol y deja pasar oportunidades históricas. Ese paso es el que la sociedad necesita de sus líderes empresariales, y así se los dije al final de su presentación.

La reputación de un directivo también se mide en asumir su liderazgo en momentos de crisis por un propósito mayor: construir confianza, defender la institucionalidad y aportar soluciones para un país mejor. 

 

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