Lo que está en juego no es el título de Machu Picchu, es la reputación del Perú entero

El paro en Machu Picchu no es solo un conflicto local por la concesión de buses. Es un reflejo de algo más grave: la desconexión entre decisiones de gobierno y la legitimidad que exige la comunidad.

Turistas varados, comunidades indignadas, pérdidas millonarias, y ahora, la advertencia internacional de que podríamos perder el reconocimiento como una de las 7 Maravillas del Mundo por la pésima gestión y la informalidad institucionalizada.

En una crisis así, la protección de la reputación-país necesita de decisiones justas y oportunas… o se vuelve humo en el cortísimo plazo.

La inercia del Estado, las contradicciones entre autoridades, y la ausencia de una narrativa clara hacia el mundo que nos mira, solo agravan el problema.

 

¿Se puede revertir esta crisis?

Sí. Siempre que se actúe con responsabilidad y liderazgo. Aquí cinco pasos que propongo, desde un enfoque reputacional:

  1. Pausar la ejecución del contrato en conflicto con la empresa de buses, mientras se revisa con la participación de las comunidades.
  2. Designar un vocero técnico y legítimo, que explique sin soberbia y sea reconocido por la ciudadanía.
  3. Reactivar el turismo con una solución transitoria consensuada, con operadores locales supervisados por el MINCETUR.
  4. Comunicar al mundo lo que estamos haciendo, con una campaña institucional coherente y multilingüe.
  5. Instalar una mesa de gobernanza multisectorial, que garantice una hoja de ruta sostenible a 12 meses.

Machu Picchu ahora más que un destino, es una radiografía de cómo gestionamos nuestra historia, cómo nos relacionamos con nuestro patrimonio, y cómo nos proyectamos al mundo

 

Y cierro con un tema clave:

Hace unos días, miles de peruanos votamos con entusiasmo para que el pan con chicharrón sea elegido como el mejor desayuno del mundo, en un concurso digital. Ganamos. Y participamos espontáneamente, hasta el gobierno con todos sus ministerios.

Pero mientras eso ocurría, Machu Picchu se paralizaba.

La imagen más poderosa del Perú ante el mundo dejó de lucirse.

 

¿Dónde están ahora todas esas voces que se unieron por un desayuno?

¿No deberían manifestarse/manifestarnos también cuando lo que está en juego es la reputación del Perú entero?

Nuestra maravilla necesita algo más que admiración: necesita acción. Aún estamos a tiempo.

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